Durante una carcajada limpia se contraen alrededor de 400 músculos y se queman calorías. Cinco minutos de risa equivalen a 45 minutos de ejercicio aeróbico, incluso en personas postradas o en sillas de ruedas. Cuando una persona ríe, mejoran las funciones respiratorias y la oxigenación sanguínea aumenta significativamente. Y debido a que es imposible pensar y reír al mismo tiempo, la risa es un excelente antídoto contra la obsesión y los pensamientos negativos.
Además, se potencia el sistema inmune, mejora la digestión, disminuye el estrés y se segregan hormonas que estimulan la actividad cardíaca. Y quienes ríen poco o tienen escaso sentido del humor son más propensos a sufrir enfermedades graves como el cáncer o ataques cardíacos.
La risa es un buen analgésico, de umbral bajo, pero efectivo. Hoy se sabe que al reír liberamos endorfinas -sustancia que, entre otras cosas- contribuyen a aliviar la sensación del dolor. Ya los antiguos médicos recurrían al llamado "gas de la risa" como anestésico.
En la Biblia misma. La risa también aparece como fuente de salud: "un corazón lleno de alegría es una buena medicina, pero un espíritu deprimido seca los huesos", reza el libro de los Proverbios.
En las tribus de indios norteamericanos, el doctor payaso, que se valía de la risa para curar a sus enfermos, era uno de los miembros más respetados. Actualmente, el poder curativo de la risa es conocido y llevado a la práctica alrededor de todo el mundo.
Se sabe por ejemplo, que mientras un niño de seis años ríe alrededor de 400 veces al día, la mayoría de las personas apenas se ríe 15 veces por día.
Lamentablemente, a pesar de que la risa es una fuente inagotable de salud, de juventud, de vida, a veces cuesta reír. De hecho, a medida que las más diversas habilidades humanas se van perfeccionando, la capacidad de reír disminuye con el paso de los años terminando sin la sonrisa pícara y orgullosa que nadie podía quitarnos allá en la infancia.



